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Creencias, valores y conspiración

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«No hay nadie que ame el dolor mismo, que lo busque, lo encuentre y lo quiera, simplemente porque es el dolor.»

Los seres humanos no actuamos de forma totalmente impredecible; detrás de nuestros actos hay una serie de metas, objetivos, la mayoría de los cuales son compartidos y pueden ser expresados en palabras.

Pero aquello que nos mueve a actuar no tiene por qué ser simplemente una necesidad concreta relacionada con nuestro estado fisiológico, como el hambre o el frío. Al ser animales racionales, somos capaces de crear nuevas formas de motivación mediante el pensamiento abstracto. Justamente de esto hablaremos en este artículo: acerca de los tipos de valores, los ideales que defendemos en el día a día.

¿Qué son los valores?

Los valores son conceptos que guían nuestra manera de comportarnos y que vinculan conceptos abstractos a una carga emocional positiva o negativa, sirviéndonos como referencias acerca de lo deseable y lo indeseable. Cada persona tiene una escala de valores que expresa cómo se priorizan ciertos aspectos de la vida sobre otros, y cuáles son defendidos con mayor vehemencia.

Así pues, una persona que tenga en alta estima el valor de la paz tendrá una manera de ver las cosas muy diferente a otra persona que por encima de la paz valore la supervivencia, o que otra que defienda en primer lugar el respeto a las tradiciones, por ejemplo.

Existen muchos tipos de valores, y estos son investigados tanto por las ciencias cognitivas y la psicología social como por la filosofía ética, dado que no hay que olvidar que no se trata de conceptos meramente descriptivos, sino que se asocian a las ideas de «bueno» y «malo».

Tipos de valores

1. Valores personales

Este tipo de valores está definido por ser aplicado en el día a día a través de las acciones más sencillas y, especialmente, a través de los hábitos. Por consiguiente, los valores personales se caracterizan por aplicarse a prácticamente todos los ámbitos y contextos de la vida, no se limitan a un solo lugar o tipo de actividad.

Por ejemplo, el respeto por un hijo o hija acostumbra a ser un valor personal, ya que tiene vigencia en todos los contextos, pero la innovación no suele serlo, ya que bajo determinadas condiciones puede quedar relegado sin especiales conflictos internos.

2. Valores laborales

Los valores laborales están relacionados con nuestra manera de actuar en un contexto profesional, es decir en el ámbito del trabajo. Por ejemplo, se entiende que si los valores laborales de una persona no encajan con los valores de la empresa, se crea un conflicto implícito que genera incomodidad en el trabajador y problemas en en funcionamiento de la empresa. Algunos ejemplos de valores laborales son la perseverancia, la innovación, el esfuerzo, la adaptación al cambio etc.

3. Valores de empresa

Lo que caracteriza a los valores de empresa es que pretenden ser tanto un estilo de producción como un componente del marketing de una organización. No están adscritos a una persona física, sino a una jurídica, y por consiguiente no surgen naturalmente de una persona real, sino que son una construcción social que influye sobre cómo se trabaja en la empresa (no solo en la oficina, sino también en las actividades de Relaciones Públicas).

4. Valores religiosos

Los valores religiosos están ligados a un sistema de creencias fundamentadas en la fe de una religión determinada. Por definición, las religiones incluyen un sistema de símbolos, dogma religioso y ciertos rituales compartidos por varias personas, de modo que los valores religiosos también están relacionados con este factor social por el que unos creyentes influyen sobre las decisiones y valoraciones de otros, muchas veces castigando a quien piensa diferente en un aspecto que resulta conflictivo.

5. Valores familiares

Este tipo de valores esta relacionado con la experiencia de la pertenencia a una familia. Con el establecimiento de los vínculos afectivos fuertes que caracterizan a la familia, llegan también valores usados para poner orden en el modo en el que no relacionamos con el resto de miembros de esta.

Por ejemplo, el respeto a los mayores puede estar muy presente en una familia, mientras que en otra el valor de «protección del débil» puede estar por encima lo cual hace que se trate con un mayor paternalismo al abuelo o abuela.

6. Valores sociales

Los valores sociales no se limitan a un círculo social concreto tal y como sí pasa con los familiares, sino que pueden ser extendidos a toda la población. El respeto por el descanso de los demás, que se traduce en intentar hacer poco ruido por la noche , es un valor social, y lo mismo ocurre con el respeto del derecho de privacidad.

7. Valores políticos

Los valores políticos tienen que ver con el modelo político ideal para una persona, que tiene que ver con la gestión pública de los recursos. La libertad individual, por ejemplo, suele ser uno de los valores más defendidos por la tendencia política liberal, mientras que el acceso universal a los bienes básicos suelen ser más reivindicados por la izquierda.

8. Valores estéticos

Este conjunto de valores tiene que ver con formas de percepción sensorial y el modo en el que estos inducen apreciaciones estéticas determinadas. Por eso, son especialmente importantes en el arte, pero no se limitan a este ámbito, dado que también son relevantes en artesanía y en el diseño en general, sea artístico o no.

La simplicidad, la armonía o el gusto por lo extraño son valores estéticos.

9. Valores éticos

Aquellos valores relacionados con la moral son los estéticos, principios que sirven para distinguir de una manera relativamente clara entre el bien y el mal y que son, en cierto sentido, apriorísticos: no tienen que ver tanto con un contexto determinado ni con la utilidad de una estrategia sobre otra, sino que tienen valor por sí mismos.

El respeto y la paz son valores éticos.

10. Valores materiales

Los valores materiales designan qué aspectos materiales de vida tienen valor sobre otros. Por ejemplo, hay personas que viven con muy poco de manera voluntaria, mientras que otras, a pesar de ser de clase media, sienten una gran frustración por no poder permitirse una gran cantidad de grandes lujos.

CATORCE creencias de la Edad Media que hoy nos hacen llevarnos las manos a la cabeza

TRES creencias inusuales que continúan hasta el día de hoy

Gracias a Internet muchas cosas que se sabían falsas ahora son tendencia.

Durante toda su existencia, la humanidad ha tenido ideas bastante complejas y otras que simplemente son descabelladas. Según algunos, el planeta está sobre una tortuga, otros creían que un gigante nos mantenía con las manos sostenidas, recientemente otros dijeron que si unos pueden creer en un dios con barba que es capaz de cualquier cosa, ellos creían que un monstruo de espagueti era el verdadero dios. Nuestra capacidad para imaginar es casi ilimitada, casi similar a nuestra capacidad para creer. Pero gracias a muchas pruebas, estudios y más, hemos aprendido a diferenciar la realidad de la ficción. Sin embargo, aún hay creencias bastante raras, que a pesar de ser desmentidas gracias a la ciencia, son ideas que la gente opta por convertirlas en realidad. Hemos pasado las últimas décadas buscando la verdad acerca del universo. Los telescopios nos han ayudado a encontrar posibles planetas donde exista vida, pero nuestros esfuerzos aún no son contundentes. Sin embargo, hay personas que están convencidas de que los reptilianos –seres similares a las personas, pero con piel de serpiente o lagartija, que son realmente inteligentes y poderosos– viven entre nosotros. Podría parecer una broma, pero millones de personas se reúnen en la ágora digital para discutir acerca de estos seres, que supuestamente toman el cuerpo de personas con mucho poder en el planeta para controlarnos.

La gravedad que atrae con la misma intensidad desde todas las direcciones “hacia adentro” hace que la Tierra sea redonda o por lo menos lo más circular posible. Esto es una realidad y se sabe desde hace siglos. Siempre han existido detractores que opinan lo contrario, pero desde la popularización de Internet, el número de personas que asegura que el planeta es plano ha crecido considerablemente. Incluso se han fundado proyectos para ayudar a esas personas a poner en práctica sus ideas. Entre ellas se encuentra un cohete que pronto despegará para registrar que realmente nuestro planeta tiene un principio y un fin.

De igual manera que los «tierra-planistas», hay quienes niegan que el hombre haya llegado a la luna. Según algunos, la carrera espacial que tenía la Unión Soviética y Estados Unidos terminó sin un ganador, pues ninguno de ellos llegó a nuestro satélite natural. La hipótesis dice que para fingirse victoriosos, los estadounidenses crearon una gran campaña para simular el aterrizaje en la luna, incluso hay quienes dicen que Stanley Kubrick dirigió el falso alunizaje en algún estudio secreto de la NASA y que después, dejó pistas acerca de ello en su película “The Shinning”.

Los mitos o creencias populares viajan a través del boca en boca. La explicación a algunos de ellos puede hallarse en la historia, pero la mayoría de ellos no son más que meras leyendas urbanas. Estos son algunos de los más extendidos que en realidad no son ciertos.

«Los peces tienen una memoria de 3 segundos»

Este es un mito muy popular y que mucha gente acepta como cierto. Pero tener una capacidad de memoria tan limitada sería de lo más cruel, y la verdad es que cuentan con una memoria saludable de cerca de 3 meses.

«Napoleón era muy bajito»

Se dice que Napoleón, uno de los conquistadores más grandes del mundo, era de baja estatura. Si bien es cierto que no era el hombre más alto del mundo, medía 1,70 metros, una altura decente para un hombre hoy en día y muy superior a la media de los franceses en aquella época.

«Los murciélagos son ciegos»

Se suele decir que los murciélagos no pueden ver. Probablemente esto se deba a que estos asombrosos animales poseen la capacidad de ecolocalización, lo que les permite ver en perfectas condiciones por la noche y en lugares de escasa luminosidad. Sin embargo, no solo no son ciegos, sino que pueden ver bastante bien.

«Afeitarse recurrentemente hace que la barba sea más poblada»

Es una creencia común entre los hombres con vello facial escaso. Se dice que el afeitado ayuda a que salga más barba, y que por tanto cuando más la afeites más barba tendrás. Pero la vedad es que no se trata más que de una ilusión, ya que al afeitarlo, el pelo de la barba simplemente parece más grueso porque ya no está afilado. Lo mismo ocurre con el vello corporal de las mujeres: no saldrá más por mucho que lo eliminen con cuchilla, simplemente parecerá más grueso.

«No se debe despertar a un sonámbulo»

Otra creencia popular reza que nunca se debe despertar a una persona sonámbula puesto que podría ser muy peligroso para su salud, y hasta podría morir. Pero lo realmente peligroso podría resultar dejar a una persona dormida andar por ahí a sus anchas, ya que podría lastimarse. No es cierto que al despertar a un sonámbulo estemos poniendo en riesgo su salud, aunque sí que es posible que se encuentren confusos al ser despertados.

«Un policía secreta debe revelar su identidad si un ciudadano les pregunta»

Nada más lejos de la realidad. Si un policía encubierto tuviera que admitir que lo es cuando le preguntara cualquiera, las misiones encubiertas no tendrían sentido. Este mito ha sido expandido por las series y programas de televisión.

«Satanás gobierna en el infierno»

Este es otro mito popular que se ha expandido, llegando a miles de personas que creen que es cierto. Pero la verdad es que en ninguna parte de la Biblia se especifica que Satanás o Lucifer sea el gobernante supremo del infierno, y el texto solo lo reconoce como un ángel caído. Esta creencia podría provenir de una intención social de equilibrar las fuerzas del bien y del mal en el mundo, o bien de una asimilación a dioses de otras creencias, como los romanos o los griegos.

«Los vikingos llevaban cuernos en sus cascos»

Aunque hay que reconocer que los cuernos en los cascos les dan un aire totalmente salvaje, no es más que una representación. A los vikingos se los suele representar como bárbaros sedientos de sangre, los cuernos son un añadido que llego de la mano del pintor sueco Gustaf Malmström, que quiso definirlos como seres casi endemoniados. Para ello les aplicó estos cuernos en sus cascos por primera vez en 1820 para el poema épico ‘La saga de Frithiof’. La industria del cine y otras expresiones de la cultura popular han contribuido a difundir dicho estereotipo irreal pues, además de que los cascos con cuernos no eran prácticos en la lucha, no hay constancia de su uso por los vikingos.

Y como no podía ser de otra manera a esto se suma NOSTRADAMUS y sus PROFECIAS ( tiene algunas para el 2022).

1909

Es la fecha del primer uso registrado de la expresión «teoría conspirativa»

Las teorías de la conspiración tienen una larga historia, pero el término real “teoría de la conspiración” surgió mucho más recientemente. Hace solo unas décadas, el término adquirió las connotaciones despectivas que tiene hoy, donde llamar a alguien teórico de la conspiración, funciona como un insulto.

Por lo tanto, puede no sorprender que incluso haya una teoría de conspiración sobre los orígenes de la etiqueta. Esta teoría de la conspiración afirma que la CIA inventó el término en 1967 para descalificar a quienes cuestionaron la versión oficial del asesinato de John F. Kennedy y dudaron de que su asesino, Lee Harvey Oswald, hubiera actuado solo.

Incluso hay dos versiones de esta teoría de la conspiración. La versión más extrema afirma que la CIA literalmente inventó el término en el sentido de que las palabras “conspiración” y “teoría” nunca se habían usado antes en combinación. Una versión más moderada reconoce que el término existía antes, pero afirma que la CIA creó intencionalmente sus connotaciones negativas y convirtió la etiqueta en una herramienta de propaganda política.

La versión más moderada ha sido particularmente popular en los últimos años por dos razones. Primero, es muy fácil refutar la afirmación más extrema de que la CIA realmente inventó el término.

Como una búsqueda en Google Books revela rápidamente, el término “teoría de la conspiración” surgió alrededor de 1870 y comenzó a usarse con más frecuencia durante la década de 1950. Incluso los teóricos de la conspiración acérrimos tienen dificultades para ignorar esto. En segundo lugar, la versión más moderada recibió un gran impulso en popularidad hace unos años cuando el politólogo estadounidense Lance DeHaven-Smith la propagó en un libro publicado por una reconocida prensa universitaria.

Las teorías de la conspiración están a la orden del día. Teorías que van desde Bill Gates y los microchips en las vacunas hasta las supuestas tramas de QAnon. Pero en el mundo de las conspiraciones, hay un nombre que destaca por encima de los demás, el de Adolf Hitler. “El führer es uno de los personajes más notorios de la historia y por eso las teorías de la conspiración sobre su figura generan mucho interés”, asegura a La Vanguardia el historiador británico Richard Evans. Y ese interés, añade, “genera grandes beneficios económicos”. Evans acaba de publicar Hitler y las teorías de la conspiración (Crítica), dónde describe, estudia y desarma las cinco teorías conspirativas más famosas sobre el dictador nazi.

El 30 de abril de 1945 ante la inminente caída de Berlín a manos de los soviéticos, Hitler, se suicidó junto a su esposa, Eva Braun. Pero fue el propio Stalin el primero en sugerir que el führer quizás no se había quitado la vida en el búnker y había huido en submarino a Japón. Y eso que el mismo Stalin tenía las pruebas de que el dictador alemán había fallecido. En cualquier caso, la idea de la supuesta supervivencia de Hitler no tardó en extenderse y dar lugar a especulaciones algunas de las cuales perduran hasta hoy en día.

La teoría que ha generado más revuelo en los medios y redes sociales es la que Hitler sobrevivió y se exilió en Argentina hasta su muerte. Tal ha sido la repercusión que hasta se han producido programas de televisión, libros e infinidad de artículos que abonan esta hipótesis. Evans cree que “es muy irresponsable emitir este tipo de contenidos, dado que todas las supuestas pruebas de su supervivencia se convierten en polvo cuando están sujetas a un examen exhaustivo”.

Pero si todas las pruebas se desmontan con tanta facilidad ¿Cuál es el motivo detrás del éxito de las informaciones sobre su supuesto exilio? Para Evans, la respuesta es evidente: el protagonista es Adolf Hitler. “Cualquier conversación en internet acabará mencionando a Hitler en el décimo comentario” señala basándose en la Ley de Godwin. Dicha ley establece que “cuanto más se alargue una discusión más posible es que se mencione a Hitler o a los nazis en la misma”. La relevancia histórica del führer es, por tanto, uno de los factores por los que más se generan teorías sobre él.

Al contrario de lo que puede parecer con la gran cantidad de teorías conspirativas sobre el nazismo que existen hoy en día, Adolf Hitler no era un gran conspirador. Evans asegura que: “Hitler no era como Stalin. El dictador soviético usaba estas teorías, supuestamente orquestadas por sus rivales, para justificar cualquier cosa que no salía según lo planeado y justificar sus genocidios. Stalin probablemente fuera el mayor conspirador o el más destructivo de la historia”.

«Stalin probablemente fue el mayor conspirador o el más destructivo de la historia»

Richard Evans, historiador

Y fue en Rusia, antes de la Revolución, donde se creó la única teoría de la conspiración en la que el führer creía verdaderamente. Los protocolos de los sabios de Sion es un documento que desvela una supuesta conspiración de los judíos para desestabilizar la sociedad y dominar el mundo. Se trata de una de las mayores teorías de la conspiración sistemáticas de la historia. El antisemitismo no solo estaba presente en el régimen nazi, sino que tenía una gran tradición en otros muchos países de Europa.

En Rusia, esta constante se intensificó tras el asesinato del zar Alejandro II en 1881, del que fueron acusados los judíos. Con el ascenso al trono de su nieto, Nicolás II, en 1894, se empezó a promover la idea de una conspiración sionista al más alto nivel para derrocar los cimientos de la sociedad rusa. En 1903 se publicó la primera versión de Los protocolos en un periódico de San Petersburgo.

circa 1935:  The title pages of 'The Protocols of the Elders of Zion', a Nazi anti-Semitic text.  (Photo by Hulton Archive/Getty Images)
circa 1935: The title pages of ‘The Protocols of the Elders of Zion’, a Nazi anti-Semitic text. (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

El documento se fue modificando y expandiendo por Rusia, hasta la Revolución de 1917, cuando dio el salto internacional llegando a otros países de Europa como Alemania en 1919 o Gran Bretaña en 1920. La veracidad de Los Protocolos no tardó en ser desacreditada por el periodista irlandés Phillip Graves en 1921, que publicó tres artículos en The Times demostrando la falsedad del documento. Sin embargo y como argumenta Evans “esto no frenó a los nazis de usar Los Protocolos como argumento para justificar su antisemitismo”.

El 27 de febrero de 1933 el Reichstag alemán ardió en un incendio provocado por el anarcosindicalista neerlandés Marinus van der Lubbe. Hitler, que ya era jefe de estado, acusó a los comunistas de perpetrar el incendio, basándose en los ataques comunistas que ya habían sucedido en Rusia, Hungría o Austria. Justificándose en ese pretexto, Hitler y los nazis aprovecharon para suprimir libertades y establecer un régimen dictatorial.

Viendo que esta situación favorecía a los nacionalsocialistas, los comunistas los acusaron a su vez de perpetrar el incendio, basándose en el cui bono, una expresión latina que afirma que quien sale beneficiado de un acto o una situación debe ser su autor o causante. Sin embargo, la verdad es que ninguno de los dos bandos tenía razón y ambas teorías conspirativas fueron desacreditadas cuando se dictó la sentencia contra Van der Lubbe como único culpable en un tribunal de Leipzig.

Como asegura Evans: “uno de los motivos por los que aparecieron teorías conspirativas sobre el incendio del Reichstag, es que, para la gente, es muy difícil creer que el evento que desencadenó el III Reich fuera orquestado por una sola persona y por eso deben encontrar una conspiración”. Pero la realidad es que, como destaca, “si no hubiese sucedido el incendio del Reichstag, se hubiese buscado otra excusa”, en referencia al inicio de la supresión nazi de las libertades. Viendo lo que había sucedido en Rusia en 1917, los nacionalsocialistas tenían miedo de que los comunistas pudiesen realizar algo similar en Alemania.

«Las teorías de la conspiración son tendencia«

Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler, fue el artífice de que la teoría sobre que los comunistas habían quemado el Reichstag cogiese fuerza gracias a su implacable máquina de propaganda. En cambio, los opositores debían hacer difusión de su teoría, de una supuesta conspiración nazi, desde el extranjero. La cabeza de los comunistas en este aspecto fue Willi Münzenberg, que se encargó de publicar artículos y propaganda de forma estratégica en publicaciones extranjeras.

¿Qué conclusión se puede extraer de estas circunstancias que sea válida para nuestro mundo actual dominado por las redes? La situación actual es bien diferente, cualquiera puede acceder a información mediante internet. Y es cierto que esto facilita la difusión de teorías, pero, por otro lado, como señala Evans, “internet es la mayor fuente de información del mundo, tanto que hoy en día vivimos con una sobrecarga de información”. A priori debería ser más fácil contrastar la veracidad de la información.

Las teorías de la conspiración se resisten a desaparecer; según Evans han aparecido más «supuestas pruebas» de ellas en el siglo XXI que, durante los 55 años anteriores.

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